jueves, 21 de agosto de 2014

Gusano



Pobre gusanito. Reptando hacia delante sin parar, diminuto. Con muchas cosas en qué pensar y un gran mundo interior que nadie ve.

El desgraciado no puede descubrir y apreciar lo que le rodea, porque cuando está solo se centra en lo poco que vale; en lo poco que merece la pena todo si no hay nadie para compartirlo. Sin embargo, contra más gusanos u otros animales hay donde él está, más insignificante y sucio se siente. Revolcándose entre excrementos y suciedad se intenta valer, pero es prescindible para todos. Se podría ir y nadie se daría cuenta.

Lo curioso es que en ningún momento ha anhelado ser mariposa, ya que sería destruir su mundo interior estando en la crisálida para convertirlo todo en belleza exterior. ¿Entonces por qué le molesta que haya animales que escojan ese camino? Porque agradan a todos, se sienten importantes, imprescindibles. Su camino merece la pena, aunque esté basado en la superficialidad. Porque es la superficialidad la que mueve el mundo. A nadie le importan los gusanos, aunque puedan ser fascinantes; las mariposas son más simples y llamativas e inspiran a los poetas mediante el mero hecho de la contemplación.

¿Por qué los gusanos no lloran? Porque si les salieran lágrimas dificultarían su camino subterráneo. Ahora el pequeño gusano desciende, cada vez más bajo tierra, esperando encontrar una señal que nunca aparecerá. Una señal que le confirme que todo lo que sufre merece la pena.

Para el pequeño gusano los sueños por cumplir se desvanecen con el tiempo, ya que el cielo se antoja cada vez más lejano.

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